jueves, 28 de junio de 2007
En Holguín, por un mejor tratamiento de la Ataxia
La ataxia, en su transmisión de una generación a otra, presenta diferentes patrones hereditarios. Uno de ellos, el autosómico dominante, posee 18 formas moleculares. La más frecuente en nuestro país es la de tipo 2, caracterizada por la presencia del gen SCA2, cuya mutación produce un daño tóxico en varias estructuras del sistema nervioso, que llevan al enfermo a una invalidez total y a la muerte.
A través de técnicas neurofisiológicas, el doctor Luis Velázquez y un equipo de especialistas, realizaron numerosos estudios a enfermos y portadores del gen con el objetivo de evaluar cómo estaban funcionando el sistema nervioso central y periférico, así como otros sistemas neurológicos encargados del olfato y el movimiento ocular.
El estudio de la enfermedad en sus diferentes etapas, es decir, en portadores asintomáticos y en otros con una degeneración avanzada, permitió describir el funcionamiento de este tipo de ataxia, su patrón de degeneración, qué estructuras se dañan primero, entre otros aspectos. Estos resultados posibilitarán un mejor diagnóstico, a la vez que constituye una herramienta muy eficaz a la hora de evaluar la respuesta del paciente a un tratamiento determinado.
Luis Velázquez, comenzó esta investigación hace alrededor de 20 años, cuando aún no existía el Centro para la Investigación y la Rehabilitación de Ataxias. La asistencia de un equipo de especialistas integrado por Gilberto Sánchez, Nalia Canales, Ruth M. Pérez, Luis Almaguer, Jackeline Medranos e investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como la adquisición de la tecnología necesaria, permitieron que en los últimos 7 años el trabajo fuese más intenso y se pudieran arribar a los resultados esperados.
El también especialista de primer y segundo grado en Neurofisiología Clínica, y Vanguardia Nacional de los Sindicatos de la Salud y de la Ciencia por más de 12 años consecutivos, ha recibido otros dos premios de la Academia de Ciencias. Luis Velázquez ostenta la Medalla Hazaña Laboral, la Medalla Jesús Menéndez y la Orden Félix Varela. Es, además, Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y el holguinero que acumula mayor cantidad de lauros en el Premio Anual de Salud, con 6 galardones.
viernes, 8 de junio de 2007
Otra vez en Gibara
Siempre resulta refrescante volver a la Villa Blanca de los Cangrejos. Atravesar esa carretera llena de curvas y de repente descubrir el mar, no me cansa, de hecho es un ritual que estaría dispuesta a hacer todos los días.
Esta es otra Gibara, más tranquila, sin el ruido y el trasiego que matiza las calles del pueblo cuando hay Cine Pobre u otra festividad. He llegado a este lugar con propósitos informativos, no por cuenta propia, vengo acompañada con algunos colegas periodistas de otros medios de prensa en Holguín.
Entramos a la ciudad por el Túnel del Ferrocarril, una construcción de finales del siglo XIX, que había quedado sepultada entre la maleza hasta hace unos meses. Recorrimos los 150 m con el asombro que provoca ver el trabajo de los hombres, esclavos o no, en una época de escasa tecnología.
Según el arquitecto Alberto Mora Reynaldo, a la salida de este túnel se proyecta la construcción de un museo dedicado al ferrocarril que una vez existiera en esta región. Mora anunció también el montaje de un grupo escultórico, cerca de ese lugar, que recreará el encuentro de Cristóbal Colón con los aborígenes, en Gibara. Aunque se habla muy poco de la presencia de esta etnia en la zona gibareña, algunos historiadores defienden la idea de que el primer choque cultural se produjo aquí, y no en otro lugar de Cuba.
De nuevo en la carretera, nos escolta el malecón, para el que ya se están pensando unos faroles estilo colonial. El fortín marca el inicio de la etapa de la colonia. La idea es que el visitante transite por la Gibara que fue y que también es ahora, desde la misma entrada. También llegamos al Cuartelón, esa construcción de ladrillos descubiertos y arcos de medio punto, que identifican a Gibara.
Cualquiera que lo ve piensa que tuvo una época de esplendor, y que en algún momento fue un gran cuartel que sirvió de refugio a los españoles, pero no es así. En la guerra de independencia se levantaron estos muros, que servirían de defensa a las tropas españolas, sin embargo casi de inmediato se suspendieron las obras por encontrarse muy lejos de la Batería Fernando VII, y no responder a los fines estratégicos de los colonialistas. Quedaron las paredes, para orgullo de los gibareños.
Esta vez el sol cae como queriendo pulverizar a los mortales, y el mar está ahí, irónico. Seguimos el camino. El próximo punto es Gibaravisión, uno de los telecentro municipales que se han construido en la provincia. Hay una cámara esperándonos a la entrada, y nosotros debemos ignorarla, como hacen los buenos artistas, siempre se ve muy mal cuando desde el televisor alguien nos mira cuando se supone que no debe hacerlo.
Dice Carlos Sánchez López, director del telecentro que aún falta un poco de experiencia en sus trabajadores, pues en su mayoría no sobrepasan los 25 años, no obstante, el ímpetu y las ganas de hacer compensan cualquier falta de erudición o destreza. Para su labor disponen de cuatro cámaras, dos de exteriores y dos de estudio, y con un AVI de 52 horas de grabación. El propósito es reflejar el acontecer político, social y cultural del municipio. Según las investigaciones, la programación del telecentro es una de las más vistas por el gibareño.
La cámara nos sigue, veo caras, algunas conocidas, de personas que estudiaron conmigo en alguna parte. Este telecentro ha venido a convertirse en un aliciente del fatalismo geográfico; gracias a esta idea, estos jóvenes no tienen que abandonar su tierra para hacer lo que les gusta, pueden crecerse aquí mismo, y contribuir al desarrollo del municipio desde un frente común.
El telecentro está ubicado en una elevación, por eso cuando salimos nos sorprende un paisaje de casas en miniatura y un mar a lo lejos, que algunos ignoramos al inicio. Llegamos aquí por Independencia, la calle principal de Gibara, y nos vamos por la nueva escalinata que recorre las laderas de esta meseta. Nos cuenta Porfirio Suárez, primer secretario del PCC en la provincia, que el 8 de marzo se aprobó la confección de esta larga escalera, y que ya el día 12 de ese mismo mes se puso el primer bloque.
El 15 de abril, durante la celebración del Festival de Cine Pobre, se encendieron las luces y se inauguró la escalinata. “El apoyo popular fue lo que hizo posible que la obra se llevara a cabo” nos comenta Porfirio, y agrega que el mayor porciento del material utilizado es de piedra y piezas de prefabricado que estaban en desuso.
Volvemos a la guagua, donde nos espera un calor más intenso aún. Una carretera de polvo y mangle precede uno de los objetivos más importantes de nuestra visita: El Parque Eólico de Gibara. Tenía en la cabeza el retrato quijotesco de los molinos de viento, algo muy predecible, pues es lo más parecido a un parque eólico de las imágenes que guardo.
Cuando llegamos, Luis Romero, especialista de la ECOI 9, nos explicó que ya se terminó el ensamblaje de los cimientos donde deben instalarse los seis aerogeneradores, y que a mediados de este mes se transportarán las aspas y los tramos que forman la columna, desde el Centro de Carga en Holguín. La instalación de cada aerogenerador puede tardar de tres a siete días, por lo que se espera que cercano al 26 de julio ya se puedan realizar las primeras pruebas.
La ventana de nuevo me descubre el mar. Llegamos al Centro de Artex y también a la Batería Fernando VII, la primera construcción de la Villa. Los españoles la hicieron para proteger la bahía, del contrabando y los ataques de corsarios y piratas, ahí comenzó la historia, y terminó nuestro viaje.
La ciudad se fundó el 16 de enero de 1817. Siguen pasando los años, y Gibara emerge del paso del tiempo y la corrosión del salitre con una fuerza impresionante, debe ser por el amor que ponen en ella sus moradores, y quienes no somos de aquí, pero la queremos bien.
martes, 8 de mayo de 2007
En Gibara: Adela Legrá más allá del encuadre

Adela, cuando la gente visitaba Baracoa, la buscaban para fotografiarla. Humberto Solás llegó con un proyecto mucho más ambicioso. ¿Cómo la convenció?

pasado una noche malísima. Para colmo Humberto quería que yo estuviera sofocada para esa toma, y me puso a correr de un lugar para otro, pero eso no lo complacía. En una de esas me puse muy furiosa, eran las 12 del día, en una salina, con hambre, sed, y le digo a Humberto, ¿tú quieres que yo corra?, pues me quité unas botas que traía y salí corriendo descalza. El director de luces dijo, señores hay que seguirla, porque esta mujer está medio loca, y salieron detrás de mí en un carro. Pero llega un momento en que me desmayo, y en vez de caer con los pies para el agua, caigo con la cabeza; si alguien no hubiera venido detrás de mí, me habría ahogado. Ahí es cuando tienen que ponerme una toalla encima del sombrero para que no se vea el pelo mojado, y es cuando le lanzo una mirada de odio al director. Después Humberto no se atrevía ni a acercarse."viernes, 13 de abril de 2007
Una semana de abril en Gibara
Una vez vi un mar de aguas mansas en un día claro. El sosiego que producía en mí era enorme. Ese día, cuando entré por primera vez a
Participaba en esta historia como parte del equipo de realización de las memorias del primer Festival Internacional de Cine Pobre. Serían entrevistados sobre todo las figuras más significativas de un nuevo arte de vanguardia.
La ventana del carro me descubría una ciudad increíble, los barcos, el malecón, la gente, el cine. Sobre todo un cine que no parecía pobre, acababan de restaurarlo para la ocasión.
El pueblo era muy diferente a como lo encontraría meses después en un contexto más cotidiano. Proliferaban por doquier los vendedores y otra gente que justificadamente no encajaba en el panorama. Un aire diferente, algo descuidado e informal vestía sus ropas y su andar. Los habitantes se mostraban hospitalarios. Gibara era una gran casa, repleta de cineastas de todo el mundo y el pueblo quería ser parte de eso.
Llegamos a casa de Berta, la gibareña que acogería a algunos de nosotros durante esa semana. Allí pasamos muy poco tiempo, no queríamos perder ningún detalle del Festival que se movía de
“Cine pobre no quiere decir cine carente de ideas o de calidad artística, sino de restringida economía, ejecutado tanto en los países de menos desarrollo o periféricos, así como también en el seno de las sociedades rectoras a nivel económico-cultural, ya sea dentro de programas de producción oficiales, ya sea a través del cine independiente o alternativo.”
Así le habló Humberto Solás a la gran multitud que asistió a la inauguración, conmovida ante el hecho de que uno de los grandes cineastas cubanos, escogiera a Gibara como escenario de lo que por esos días sería el evento cultural más importante del país, aunque así no lo reflejaran los medios nacionales.
Los días pasaron entre una pantalla grande, mariscos, y arrecifes. Primero voz e imagen de Humberto Solás, presidente del festival, en el encuadre, donde también aparece la sala de Nancy, la gibareña con más gracia para hacer café. Luego Thomas Krempke, director de fotografía y avezado teórico en materia de realización digital; también la afable Adela Legrá, con su pamela y su sonrisa sincera, junto a Isabel Santos.
En una semana de abril, en un lugar llamado Gibara, Aurora Basnuevo, Mario Limonta y Arturo Sotto, compartían una cerveza con sus admiradores, con los que viven en el anonimato.
El ciudadano de a pie, no estaba muy convencido de lo que era conceptualmente el cine pobre, sin embargo abarrotaban los cines, y daban su opinión en la calle. Los misterios del sexo y quizás la tendencia de un gran número de películas cubanas de la década del
Luego ¡Gran Premio al Mejor Guión Inédito, a la mejor obra de ficción ex aequo, al Mejor Autor Autodidacta de Latinoamérica y el Caribe, Premio a la crítica y Gran Premio Cesare Zavattini al Mejor Documental! Así llegaba a su fin esta primera vez.
Ya el Festival celebra un lustro. El filme francés Suzanne, de la directora Vivianne Candas inaugurará esta V edición en la noche del 16. Comienza otra semana de abril en la que un séptimo arte alternativo, pobre de recursos, pero rico en ideas, inunda Gibara.
miércoles, 11 de abril de 2007
Pinceladas de Julio César en Holguín
Hallazgos de un velador es el nombre de la muestra personal que exhibe el joven artista plástico Julio César Rodríguez en el museo provincial Las 16 obras de esta exposición nos conducen “hacia ese lugar desconocido o ignoto del hallazgo”, como expresa el poeta José Luis Moreno, en el catálogo de la muestra. Comenta además: “Desde la fronda criolla nacen en la imaginación develada estas piezas, en ocasiones con la favorecida necesidad insular de estar rodeado de agua por todas partes, no con el fatalismo piñeriano, sino con la consagración bautismal de la unción contra el imperfectamente llamado pecado original”.
En el mes de enero la colección estuvo expuesta en el Museo de Arte Colonial de la Ciudad de La Habana. Esta no es la primera vez que la capital se ofrece como escenario de su
obra. El Convento de San Francisco de Asís, el Gran Teatro de La Habana y otros espacios galéricos de la urbe han servido a este propósito.
La raíz compartida, El vuelo de las palmas nacidas, La virgen de la piedra, La fuga del telón desnudo y La nuez encubierta revelan el quehacer del artista en los inicios de este año 2007. En Hallazgos de un velador se destacan el óleo sobre lienzo, aunque utiliza otras técnicas como son el carboncillo, el pastel, y el lápiz graso.
“La obra de Julio César nos emociona no sólo por la técnica de un dibujo convincente, en trazos de firmes realidades que asocia a una bullente
ilusión (…) paseándose en particular lenguaje poético, de fácil credibilidad, pero acompañado de novedosas añoranzas o quimeras, de una técnica donde todo se renueva, se recrea” ha expresado Moreno en esta ocasión.
Cuerpos de madera, palmas cubanas, aves, ojos y manos, hacen de su arte un discurso simbólico, en el que se representa a sí mismo repetido en diferentes contextos.
Julio César Rodríguez este año mereció el Premio de la Ciudad, con su obra "La Dama Azul", que también se incluye en la exposición. También le han sido otorgados el Premio Venga la esperanza, de la Asociación Hermanos Saíz, el 2003; el segunfo Premio en el Salón 460 Aniversario en el 2005, entre otros.
viernes, 6 de abril de 2007
Pincel, natura y poesía: Nélida López en Holguín
Nélida, es graduada de la escuela Taller de Artes Plásticas Juan J. Fornet Piña de Holguín (1962-1966) y de la Escuela Nacional de Arte de La Habana (1966-1968).
Vuelve a Holguín con este conjunto que reúne piezas de las series "Desde Madrid" y "Estaciones", en las que la artista evoca desde sí misma la temática de la naturaleza, muy recurrente en toda su obra.
Al respecto expresa: "Yo nací en el campo, provengo de una familia muy humilde. El hecho de vivir en la ciudad ha provocado que desboque en mi obra el tema de la naturaleza. Tiene que ver con el desarraigo, la nostalgia del lugar de donde vengo. Es una manera de lamentar el hecho de que vivo en el asfalto, con tendederas y antenas de TV, en vez de árboles."
Obras como Agua en la quebrada, Estoy ligada al suelo, y Sobrevivir al invierno explican esa "otra visualidad" de la que habla el poeta, en la que "la línea y el color se corresponde con esos ámbitos vividos y soñados en ese entorno físico y espiritual que nos ha tocado vivir".
Nélida ha expuesto en la Galería Acacia, el Centro Wilfredo Lam, la Fototeca de Cuba y el Museo de Bellas Artes de La Habana. Entre sus exposiciones internacionales más reconocidas se encuentran Dibujo Cubano, en Estocolmo; Pintura Cubana, en Sevilla; y Hidden Art of the Revolution, en Toronto, entre otras.
La también miembro de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba recuerda que la pintura fue algo que siempre la acompañó. No hubo un momento en su vida en el que tuviera que decidirse por ella.
Ahora en su expo personal sigue apostando por el lienzo como soporte de sus emociones. “En mi obra, dentro de los temas de la naturaleza, se advierten la depredación, la destrucción. Es muy simbólica, utilizo mucho troncos cortados, pero también ramas truncas que se vuelven a unir, porque sí, hay un mensaje de esperanza”.
viernes, 30 de marzo de 2007
Los exóticos en la geografía holguinera
Fotos: JPablo
Debo admitir que no me llevo muy bien con los animales, casi nunca los entiendo. Si además de eso tienen nombres tan extraños y divertidos como antílope nilga o wapití, la desconfianza es mucho mayor. Aún así disfruté la visita a la finca Los exóticos del Parque Nacional
El safari comienza. Se pierde la vista en el paisaje hasta que descubrimos la primera manada. “Estos se llaman gamos o damas damas. Son originarios del sur de Europa” explica Norge Torres Díaz, jefe de Unidad Zonal de Conservación del Parque Nacional
po. Muy lejos de nosotros siguen corriendo. También se espanta el antílope nilga, aunque su área está restringida a unos cuantos metros a la redonda. El nilga se está introduciendo ahora, vino desde las lejanas tierras hindúes, y aún se acostumbra al entorno de Pinares.
Comenta Norge que el wapití es el animal más renombrado por aquí. En 1988 se introdujeron las primeras especies. Es endémico de Canadá, y en Cuba solo existe un ejemplar en el Zoológico Nacional y 12 en esta Finca.
Es un mamífero muy singular. Un macho adulto puede medir hasta
Al igual que el gamo, muda la cornamenta en marzo, se reproduce en junio y presenta celo en octubre. Explica Norge que en ese mes suele fajarle a quien se le acerque, de ahí su mala fama. Pero en realidad el wapití es un animal manso, acostumbrado a vivir en solitario o en grupos pequeños, sobre todo los machos que sólo se unen a los rebaños de hembras, jóvenes y crías durante la época de celo.
La calma reina en
