lunes, 30 de julio de 2007
No hacen falta pretextos para hablar del ISA
miércoles, 18 de julio de 2007
Mephisto en el Caimán rock
El evento reúne, además, a 21 agrupaciones de todo el país, y a las extranjeras, Factor VIII, de Panamá, y Crocell, de Venezuela. El Festival busca no solo promocionar el género a través de las presentaciones en vivo, sino también buscar un espacio para el debate sobre temas como: el panorama del rock en Cuba, desde los años 50 hasta la contemporaneidad; la vinculación de este tipo de música con la literatura; y la realización de videoclips.
Caimán rock se viene celebrando en la capital cubana, con frecuencia bianual desde el año 2003, y según ha expresado Luis Morloto, presidente nacional de la AHS (Asociación de Hermanos Saíz) “es el festival de rock cubano por excelencia”. A él le anteceden el Ciudad Metal, de Villa Clara, el Pinarock, en Pinar del Río, el Atenas, de Matanzas, el Rockasol, de Cienfuegos y Metal HG, de Holguín.
Mephisto había participado en las dos ediciones anteriores. Ya para ese entonces, la agrupación contaba con cuatro discos: Seven dead cities (1996), Knowledge of Necronomicom (1997), Creation of the Magnificient (1998), y Carpathian Tales (2000).
Desde su fundación, el 18 de Septiembre de 1996, ha asistido a más de 50 ediciones de festivales nacionales, entre los que se encuentran Ciudad Metal, Mr Dominus, Rock de la Loma, y Metal HG como anfitriones. Sus dos últimas producciones discográficas: Dominion Satanas (2003) y Blasphemy and Evil (2007) siguen cultivando la vertiente del Black Metal, de la que son iniciadores en Cuba.
viernes, 13 de julio de 2007
Graduarse ¿y después qué?
En esta semana, Holguín ha asistido a tres graduaciones: la del Instituto Superior Pedagógico José de la Luz y Caballero; las de la Universidad Oscar Lucero Moya, y la Facultad de Cultura Física Manuel Fajardo, estas últimas, con 574 y 179 estudiantes respectivamente, cifras mayores a las del año pasado.
Se acercan las del Instituto Minero Metalúrgico de Moa, que termina con la mayor graduación de la última década: 217 alumnos, y las de la filial del Instituto Superior de Arte (ISA) en la provincia.
Para los recién egresados, más que obtener una buena plaza, se impone la interrogante de cómo asumir esa vida laboral de la que nos hablan los padres. ¿Ser uno más, o hacer la diferencia? es el conflicto que deben resolver en los primeros meses.
Lo que se espera de los jóvenes es un poco de convicción y deseos de hacer para no ser arrastrados por la corriente de la rutina, en cualquier centro laboral al que se arribe.
Para el caso de los graduados del Instituto José de la Luz y Caballero, esto se convierte en una verdadera necesidad. La universalización de la enseñanza pedagógica llegó a su V Aniversario. Se gradúan en esta ocasión los primeros Profesores Generales Integrales (PGI) y los maestros habilitados de primaria, que hace un lustro asumieron la educación de la enseñanza básica.
Quizás para los valientes, como también se les conoce, la graduación no sea tal momento de ruptura. Desde hace ya mucho tiempo definieron el camino, a pesar de las miradas escépticas y la inexperiencia. Sin embargo, se impone el reto de observar el contexto de cada cual, con la mirada atenta y escudriñadora del buen filósofo, que observa el mundo como si lo hubiera visto por primera vez.
El desafío no es solo descubrir, sino también accionar en función de “cambiar todo lo que deba ser cambiado”, como ha dicho el Comandante.
Eso va para todos, también para los nuevos médicos. Esta vez la misión de los egresados de la Facultad de Ciencias Médicas va mucho más allá de los límites provinciales. Desde hace una semana, 55 de sus recién graduados, dejaron atrás la tierra que los vio nacer, para iniciarse como profesionales en Venezuela, después de haber pasado un Curso de Intensivistas en la capital cubana.
Diferencias generacionales, cambios de horario, nuevas responsabilidades, intensas jornadas aguardan en el camino. Toca ahora poner en práctica lo que se aprendió en cinco años, y no desfallecer en la marcha.
viernes, 6 de julio de 2007
Hombres en la hora cero
A veces es muy difícil humanizar a los héroes. En los primeros años de estudio, la imagen que podemos obtener es la fría expresión de un libro de texto, o los hechos que acompañaron la vida de un mártir, en voz de un profesor. Es por ello que conocer personalmente a quienes hicieron la historia es siempre un camino que vale la pena recorrer.
La tarde en que fuimos a entrevistarlos, Alejandro Ferrás Pellicer y Pedro Gutiérrez Santos habían terminado un conversatorio con dirigentes y trabajadores del Partido Comunista de Cuba (PCC) en la ciudad de Holguín. Ya casi se iban cuando les pedimos unos minutos para conversar sobre lo que fue la gesta del 26 de julio de 1953, de la que fueron protagonistas.
En ese entonces un grupo de jóvenes liderados por Fidel decidieron asaltar el Cuartel Moncada, en Santiago de Cuba y el Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, lo cual se convirtió en el motor impulsor de una lucha que desembocaría en el triunfo revolucionario de 1959.
Pedro solo tenía 18 años cuando decidió integrar el Partido Ortodoxo, para lo cual tuvo que aumentarse la edad. Asegura que no sabía nada de política, pero que eran muchas sus inquietudes: “esta generación tal vez no pueda entender bien cómo era el país antes de 1959, la época que vivíamos era muy difícil, éramos pobres, y no veíamos la hora de que un presidente se preocupara por el pueblo; cuando Eduardo Chibás dio su programa de gobierno, enseguida me identifiqué con él.”
Fulgencio Batista da el golpe de Estado el 10 de marzo de 1952. Las esperanzas de un gobierno constitucional, que respondiera a los intereses de los más humildes se vieron frustradas. “Ya para ese entonces habíamos conocido a Fidel en el Partido Ortodoxo. Él tenía una visión tremenda, una visión de 100 años. Decidimos que a Batista había que sacarlo de la misma forma en que había entrado: por la fuerza” ,comenta Pedro.
Alejandro, estaba muy enlazado con la Joven Cuba, conoció a Antonio Guiteras, luchó en el Gobierno de los 100 días, pero cuando Guiteras murió, no se vinculó a otro movimiento hasta 1952. “El Golpe del 10 de marzo fue una traición a la memoria de Martí. Después que habíamos aguantado 14 años de dictadura batistiana, un nuevo gobierno de este verdugo era muy difícil de asimilar. Fidel sabía que el pueblo no apoyaba a Batista y que por lo tanto podía luchar contra él y derrotarlo.”
En 1953, el Cuartel Moncada era la sede del regimiento Antonio Maceo en la ciudad de Santiago de Cuba, capital de la provincia oriental. Estaba ocupado por unos mil hombres y era la segunda fortaleza militar del país. Una vez tomado, las condiciones que presentaba la región les facilitaba a los rebeldes la defensa de la ciudad cuando fuera tomada, así como el rápido inicio de la lucha guerrillera si había que abandonarla.
El plan se elaboró en absoluto secreto. Solo Fidel y otros tres compañeros de la dirección del movimiento conocían de él. “A nuestras familias no podíamos decirle nada; el día que salimos para Santiago solo sabíamos que allí ocurriría un combate decisivo, pero no teníamos los detalles. Cuando Fidel dio la noticia de que íbamos a atacar el Moncada, fue una gran alegría porque sentimos que habíamos llegado a la hora cero” , recuerda Alejandro.
En la madrugada del 26 de julio, 135 combatientes, vestidos con uniformes del Ejército precisaban el plan de ataque. Se organizaron en tres grupos. Alejandro y Pedro formaban parte de la tropa principal que con Fidel al mando, atacaría la fortaleza.
Cuenta Pedro que lo más impresionante de todo fue cuando llegaron a la Granjita Siboney, donde se situaron las armas, los uniformes y los automóviles para el ataque, y vieron allí a dos mujeres: “A Melba y a Haydée las habíamos visto antes, pero nunca pensamos que participarían en una acción de tanta envergadura. Esa fue una de las cosas que más valor nos dio”.
Antes de partir a la acción escucharon las palabras de Fidel Castro: “¡Jóvenes del Centenario del Apóstol! Como en el 68 y en el 95, aquí en Oriente damos el primer grito de ¡Libertado o muerte! Ya conocen ustedes los objetivos del plan. Sin duda alguna es peligroso y todo el que salga conmigo de aquí esta noche debe hacerlo por su absoluta voluntad. Aún están a tiempo para decidirse.”
Comenta Pedro que lo recuerda todo, pero que los hechos ocurrieron muy rápido, más de lo que la gente imagina. Dice Alejandro que al Moncada no fueron por guapos: “Fidel hizo una selección muy exquisita. Para luchar con él eran necesarios la disciplina, la discreción, el amor a la Patria y el odio al sistema. Era muy firme en eso, cuando veía que alguien se comportaba como un problemático o alardoso, lo dejaba de citar, porque sabía que peligraba la vida de los demás compañeros”.
Aunque los hechos no acontecieron de acuerdo con lo planeado, los asaltos al Cuartel Moncada y el Carlos Manuel de Céspedes no fueron vistos como una derrota, sino como la acción que necesitaba el movimiento para despertar definitivamente y comenzar una lucha que no cesaría hasta el triunfo definitivo.
Después del 59’ seguiría la contienda. Cuenta Alejandro: “Todo lo que hago en mi vida lo hago en nombre de los que ya no lo pueden hacer. Esa hermandad que hizo Fidel nunca se disolvió. Él nos dijo todos vamos a morir por una misma causa y eso nos hace hermanos. Solo quedamos 40, y es como una cadena que se va achicando, pero que no se rompe nunca”.
jueves, 28 de junio de 2007
En Holguín, por un mejor tratamiento de la Ataxia
La ataxia, en su transmisión de una generación a otra, presenta diferentes patrones hereditarios. Uno de ellos, el autosómico dominante, posee 18 formas moleculares. La más frecuente en nuestro país es la de tipo 2, caracterizada por la presencia del gen SCA2, cuya mutación produce un daño tóxico en varias estructuras del sistema nervioso, que llevan al enfermo a una invalidez total y a la muerte.
A través de técnicas neurofisiológicas, el doctor Luis Velázquez y un equipo de especialistas, realizaron numerosos estudios a enfermos y portadores del gen con el objetivo de evaluar cómo estaban funcionando el sistema nervioso central y periférico, así como otros sistemas neurológicos encargados del olfato y el movimiento ocular.
El estudio de la enfermedad en sus diferentes etapas, es decir, en portadores asintomáticos y en otros con una degeneración avanzada, permitió describir el funcionamiento de este tipo de ataxia, su patrón de degeneración, qué estructuras se dañan primero, entre otros aspectos. Estos resultados posibilitarán un mejor diagnóstico, a la vez que constituye una herramienta muy eficaz a la hora de evaluar la respuesta del paciente a un tratamiento determinado.
Luis Velázquez, comenzó esta investigación hace alrededor de 20 años, cuando aún no existía el Centro para la Investigación y la Rehabilitación de Ataxias. La asistencia de un equipo de especialistas integrado por Gilberto Sánchez, Nalia Canales, Ruth M. Pérez, Luis Almaguer, Jackeline Medranos e investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como la adquisición de la tecnología necesaria, permitieron que en los últimos 7 años el trabajo fuese más intenso y se pudieran arribar a los resultados esperados.
El también especialista de primer y segundo grado en Neurofisiología Clínica, y Vanguardia Nacional de los Sindicatos de la Salud y de la Ciencia por más de 12 años consecutivos, ha recibido otros dos premios de la Academia de Ciencias. Luis Velázquez ostenta la Medalla Hazaña Laboral, la Medalla Jesús Menéndez y la Orden Félix Varela. Es, además, Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y el holguinero que acumula mayor cantidad de lauros en el Premio Anual de Salud, con 6 galardones.
viernes, 8 de junio de 2007
Otra vez en Gibara
Siempre resulta refrescante volver a la Villa Blanca de los Cangrejos. Atravesar esa carretera llena de curvas y de repente descubrir el mar, no me cansa, de hecho es un ritual que estaría dispuesta a hacer todos los días.
Esta es otra Gibara, más tranquila, sin el ruido y el trasiego que matiza las calles del pueblo cuando hay Cine Pobre u otra festividad. He llegado a este lugar con propósitos informativos, no por cuenta propia, vengo acompañada con algunos colegas periodistas de otros medios de prensa en Holguín.
Entramos a la ciudad por el Túnel del Ferrocarril, una construcción de finales del siglo XIX, que había quedado sepultada entre la maleza hasta hace unos meses. Recorrimos los 150 m con el asombro que provoca ver el trabajo de los hombres, esclavos o no, en una época de escasa tecnología.
Según el arquitecto Alberto Mora Reynaldo, a la salida de este túnel se proyecta la construcción de un museo dedicado al ferrocarril que una vez existiera en esta región. Mora anunció también el montaje de un grupo escultórico, cerca de ese lugar, que recreará el encuentro de Cristóbal Colón con los aborígenes, en Gibara. Aunque se habla muy poco de la presencia de esta etnia en la zona gibareña, algunos historiadores defienden la idea de que el primer choque cultural se produjo aquí, y no en otro lugar de Cuba.
De nuevo en la carretera, nos escolta el malecón, para el que ya se están pensando unos faroles estilo colonial. El fortín marca el inicio de la etapa de la colonia. La idea es que el visitante transite por la Gibara que fue y que también es ahora, desde la misma entrada. También llegamos al Cuartelón, esa construcción de ladrillos descubiertos y arcos de medio punto, que identifican a Gibara.
Cualquiera que lo ve piensa que tuvo una época de esplendor, y que en algún momento fue un gran cuartel que sirvió de refugio a los españoles, pero no es así. En la guerra de independencia se levantaron estos muros, que servirían de defensa a las tropas españolas, sin embargo casi de inmediato se suspendieron las obras por encontrarse muy lejos de la Batería Fernando VII, y no responder a los fines estratégicos de los colonialistas. Quedaron las paredes, para orgullo de los gibareños.
Esta vez el sol cae como queriendo pulverizar a los mortales, y el mar está ahí, irónico. Seguimos el camino. El próximo punto es Gibaravisión, uno de los telecentro municipales que se han construido en la provincia. Hay una cámara esperándonos a la entrada, y nosotros debemos ignorarla, como hacen los buenos artistas, siempre se ve muy mal cuando desde el televisor alguien nos mira cuando se supone que no debe hacerlo.
Dice Carlos Sánchez López, director del telecentro que aún falta un poco de experiencia en sus trabajadores, pues en su mayoría no sobrepasan los 25 años, no obstante, el ímpetu y las ganas de hacer compensan cualquier falta de erudición o destreza. Para su labor disponen de cuatro cámaras, dos de exteriores y dos de estudio, y con un AVI de 52 horas de grabación. El propósito es reflejar el acontecer político, social y cultural del municipio. Según las investigaciones, la programación del telecentro es una de las más vistas por el gibareño.
La cámara nos sigue, veo caras, algunas conocidas, de personas que estudiaron conmigo en alguna parte. Este telecentro ha venido a convertirse en un aliciente del fatalismo geográfico; gracias a esta idea, estos jóvenes no tienen que abandonar su tierra para hacer lo que les gusta, pueden crecerse aquí mismo, y contribuir al desarrollo del municipio desde un frente común.
El telecentro está ubicado en una elevación, por eso cuando salimos nos sorprende un paisaje de casas en miniatura y un mar a lo lejos, que algunos ignoramos al inicio. Llegamos aquí por Independencia, la calle principal de Gibara, y nos vamos por la nueva escalinata que recorre las laderas de esta meseta. Nos cuenta Porfirio Suárez, primer secretario del PCC en la provincia, que el 8 de marzo se aprobó la confección de esta larga escalera, y que ya el día 12 de ese mismo mes se puso el primer bloque.
El 15 de abril, durante la celebración del Festival de Cine Pobre, se encendieron las luces y se inauguró la escalinata. “El apoyo popular fue lo que hizo posible que la obra se llevara a cabo” nos comenta Porfirio, y agrega que el mayor porciento del material utilizado es de piedra y piezas de prefabricado que estaban en desuso.
Volvemos a la guagua, donde nos espera un calor más intenso aún. Una carretera de polvo y mangle precede uno de los objetivos más importantes de nuestra visita: El Parque Eólico de Gibara. Tenía en la cabeza el retrato quijotesco de los molinos de viento, algo muy predecible, pues es lo más parecido a un parque eólico de las imágenes que guardo.
Cuando llegamos, Luis Romero, especialista de la ECOI 9, nos explicó que ya se terminó el ensamblaje de los cimientos donde deben instalarse los seis aerogeneradores, y que a mediados de este mes se transportarán las aspas y los tramos que forman la columna, desde el Centro de Carga en Holguín. La instalación de cada aerogenerador puede tardar de tres a siete días, por lo que se espera que cercano al 26 de julio ya se puedan realizar las primeras pruebas.
La ventana de nuevo me descubre el mar. Llegamos al Centro de Artex y también a la Batería Fernando VII, la primera construcción de la Villa. Los españoles la hicieron para proteger la bahía, del contrabando y los ataques de corsarios y piratas, ahí comenzó la historia, y terminó nuestro viaje.
La ciudad se fundó el 16 de enero de 1817. Siguen pasando los años, y Gibara emerge del paso del tiempo y la corrosión del salitre con una fuerza impresionante, debe ser por el amor que ponen en ella sus moradores, y quienes no somos de aquí, pero la queremos bien.
martes, 8 de mayo de 2007
En Gibara: Adela Legrá más allá del encuadre

Adela, cuando la gente visitaba Baracoa, la buscaban para fotografiarla. Humberto Solás llegó con un proyecto mucho más ambicioso. ¿Cómo la convenció?

pasado una noche malísima. Para colmo Humberto quería que yo estuviera sofocada para esa toma, y me puso a correr de un lugar para otro, pero eso no lo complacía. En una de esas me puse muy furiosa, eran las 12 del día, en una salina, con hambre, sed, y le digo a Humberto, ¿tú quieres que yo corra?, pues me quité unas botas que traía y salí corriendo descalza. El director de luces dijo, señores hay que seguirla, porque esta mujer está medio loca, y salieron detrás de mí en un carro. Pero llega un momento en que me desmayo, y en vez de caer con los pies para el agua, caigo con la cabeza; si alguien no hubiera venido detrás de mí, me habría ahogado. Ahí es cuando tienen que ponerme una toalla encima del sombrero para que no se vea el pelo mojado, y es cuando le lanzo una mirada de odio al director. Después Humberto no se atrevía ni a acercarse."