miércoles, 16 de enero de 2008

La escuela de la campana

El niño dobla la esquina. Como si lo esperara, escucha un campanazo, y alza la vista. Dos hombres miran el reloj a la vez, y empiezan a caminar más rápido. Otro estruendo, y se echa a correr. La madre también escucha allá en la casa, mientras recoge los vasos del desayuno. Los campanazos llegan hasta el hospital, los enfermos se despiertan y el niño corre.

Le faltan dos cuadras, otro campanazo, una, solo un poco. Al fin se ve la entrada de la escuela. En el patio sus compañeros se apresuran para formar frente a la bandera, con la misma ansiedad de las hormigas que encuentran un terrón de azúcar, y se disparan hacia él.

Así comienzan todas las mañanas en el seminternado Raúl Gómez García, de Urbano Noris. Un centro escolar donde no se conoce el ruido del timbre eléctrico; como buenos románticos rigen sus horarios por el sonido de la vieja campana que acompaña a la escuela desde su año fundacional, en 1924.

La cuerda para tocar el badajo se amarra al lado de la pizarra, y la profesora de esa aula es la encargada de tocarla en los horarios pertinentes. Esa es una misión que se hereda, los maestros que han tocado la campana a lo largo de estos 84 años podrán sentarse un día y contar las historias que no entenderá otro profesor. También lo harán sus alumnos, los únicos niños que pueden anticiparse al movimiento de toda la escuela.

Imaginemos que una cámara ha registrado lo sucedido en este lugar desde la primera mitad del siglo pasado hasta hoy. Se advertiría un gran movimiento alrededor de la campana, movimiento de niños, de profesores, de las instalaciones, que no siempre estuvieron en el mismo lugar; darían cuenta, además, de una gran cerca de púa que separaba la parte pública de la privada.

“Los de la pública les tirábamos tacos a los del otro lado, que eran los niñitos ricos” cuenta la profesora Mercedes García a cualquiera que vaya por la escuela y se interese por su historia, “aunque yo tenía amigos allí, es decir no todos eran iguales, pero los adultos se empeñaban en marcar la diferencia, en el ‘59 tumbaron la cerca y ya todo fue diferente”. Mercedes ha dedicado al magisterio y a esta institución 33 años de su vida.

También rememora las excursiones que organizaba la escuela a Dos Ríos en honor a la caída de Martí, y las veladas por el nacimiento del Apóstol, también los árboles que se sembraban en cada graduación.

“Los recuerdos de los que pasan por aquí, sean alumnos o profesores son muy diferentes a los de otro centro, porque siempre hemos tenido nuestras tradiciones; sobre todo el sonido de la campana, que lo matiza todo, siempre fue así; hemos tenido la posibilidad de poner un timbre, es menos trabajoso, pero la campana es muy nuestra, esta escuela no sería la misma sin ella”, asegura Mercedes.

“Fuera del aula no sé nadar”, dice con orgullo. Ella está a punto de retirarse, por primera vez va a pasar más tiempo en cualquier otro lugar que en esta escuela, aquí estudiaron sus padres, ella, sus hijos -la menor tiene 36 años-, y sus nietos.

La Raúl Gómez García hace cinco años, cambió las enormes naves de madera y techo de fibro, por aulas de mampostería. Se ha ido ampliando por la explosión de matrícula, asegura Aleida Rodríguez, su directora: “tenemos unas 20 aulas, un laboratorio de computación, una biblioteca, un salón de ajedrez, y un departamento de Logopedia. Actualmente laboran aquí 51 trabajadores, de los docentes, 21 están pasando una maestría o ya son Másters, lo cual es un gran logro en la enseñanza primaria, también hay nueve profesores en formación”.

Las voces desafinadas y alegres de al menos 300 estudiantes, entonan el Himno Nacional, y luego el himno de la escuela con letra y música de las profesoras Cirila y Nibia: …nuestra Patria socialista necesita ciudadanos y para ella es que estudiamos…

Un campanazo, ha sido la profesora. Al otro lado de la ciudad, alguien murmura ‘van a empezar las clases’, muy cerca, la gente mira el reloj para saber si la campana de la escuela sigue tan puntual como siempre.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Nostalgia de una máquina de cien años

Como en las películas del oeste, el polvo y el silencio me pusieron en suspenso. Caminamos. Estaba ansiosa por descubrir ese lugar del que tanto hablaban. Llegamos a un establecimiento enorme que llamaron güinche, se abrió el portón y adentro había una gran rueda, unas calderas y unas llaves de mecánica del tamaño de una persona. Por fin alguien dijo: “Esto son los Planos Inclinados”.

Comprendí que el misterio no me sería develado a primera vista. Todo ese andamiaje tenía algo de grandioso, pero aún no podía entender qué.

El güinche estaba en la cima de una gran pendiente, y desde sus adentros salían dos raíles que bajaban, sin que pudiera ver el final. En una placa se leía algo en inglés y más abajo, unos nombres y una fecha de construcción: 1906-1909.

Increíble o no, hace cien años se creó esta indumentaria, y hasta el 2006 estuvo en movimiento. Por aquí bajaba el níquel desde las alturas de Pinares de Mayarí hasta la empresa Comandante René Ramos Latour, de Nicaro. Había un hombre en cada puesto: un operador de calderas, un retranquero, un señalero, un güinchero. Ahora sólo queda una quietud que de vez en cuando inquieta a quienes trabajaron aquí, y le dedicaron la vida.

Por allá, por el 1906

“Yo me acuerdo perfectamente de la primera vez que vine con mi abuelo al inclinado. Me traía de la mano, y me subió allá arriba al güinche, y me dijo: ¡saca la cabeza ahora!, y se sintió el FUAAAAA, fueron tres cornetazos del güinchero, y todo empezó a moverse,” recapitula Ramón Quintas, antes trabajador de estas instalaciones; hoy, jefe del transportador Pinares de Mayarí.

Su abuelo le contó que en los inicios del siglo pasado, Míster Felton tuvo la idea de construir una planta para la producción de nódulos de hierro, justo en las aguas de la Bahía de Nipe, encima del cayo Cajimaya; pero los yacimientos ferralíticos para alimentar esa planta se encontraban bien lejos y a unos 600 metros sobre el nivel del mar.

Fue necesario construir este sistema ferroviario de montaña, único en Cuba. Se hicieron dos tramos, que se conocen como planos inclinados superior e inferior. En la cima y a mitad de camino están las dos estaciones encargadas de regular el subir y bajar simultáneo de los vagones con mineral o vacíos.

Casi 30 años después de su construcción, el inclinado comenzó a vincularse a la industria niquelífera cuando en vísperas de la guerra se determinó la fabricación de la primera industria para la extracción del níquel más cobalto, en Lengua de Pájaro.

“Estos vagones no solo cargaron metales, también se usaron en el 60 y pico, para transportar tomate” sigue contando Quintas; “y por aquí se subió la gasolina al segundo frente, alrededor de 20 mil litros”.

Según nos narra fue una operación dirigida por Belarmino Castillo y Abelardo Colomé del Segundo Frente. “Todo se hizo de noche, sin alumbrado ninguno. Tuvieron que usar leña para que generara el vapor, no había carbón porque esto estaba parado. Dice mi papá que él se acuerda cuando fueron a ver a mi abuelo y él dijo: bueno, pues a buscar leña entonces. Era un gallego tremendo, a mi papá nunca se le olvida eso. Y empezaron a buscar leña y más leña y llenaron la caldera, la encendieron y echaron a andar la instalación.”

La calma que perturba

En estos cien años de trabajo, el inclinado tuvo dos grandes parálisis, la última después de la II Guerra Mundial; pero los moradores, los más cercanos, siempre tenían la esperanza de que arrancase de nuevo, así como los vecinos de un central esperan los días de zafra.

“Esta calma es agobiante, se extraña el sonido de la rueda, los vagones, los cornetazos: uno largo para el cambio de turno; dos, para situar los vagones; tres significaban el inicio del viaje, todo el mundo sabía que iba a empezar a moverse la instalación; cuatro, para llamar la locomotora y cinco para llamar al jefe de mantenimiento, el difunto Petequín”, explica Gustavo, quien ahora trabaja junto a una pequeña brigada en la conservación de las piezas del inclinado, pero que echó su vida aquí.

Gustavo habla con nostalgia, y no puede dejar de mostrarnos todo: “mire la biela, este es el volante, el pistón, aquí no hay nada soldado, todo es remachado, esta es una máquina de vapor de 30 pulgadas de diámetro”. A veces no entiendo lo que dice, es pura mecánica, pero lo explica con tanto entusiasmo, que no me atrevo a interrumpirlo.

Su voz rebota en las paredes y en todo lo inmóvil que hay dentro, y con el eco se oye más triste. Aún se aferra a los recuerdos: “las calderas de vapor no se utilizaban a todo lo largo del viaje, solo al inicio, para romper la inercia de los vagones, luego el contrapeso ya era suficiente para mantener la velocidad. No se podían subir más vacíos de lo que bajaban lleno, porque se rompía el ciclo.”

A pesar de la añoranza, todos reconocen que esta era una de las instalaciones más riesgosas que existían en Cuba. Tenía un promedio de un muerto cada tres años. Casi todos eran accidentes generados por el exceso de confianza; en los grandes fenómenos no hubo un muerto, pero sí por descuido y negligencia.

La despedida

La tecnología se impuso. Un transportador de Banda de 11,2 kilómetros de longitud, serpentea por el valle de Pinares, transportando 800 toneladas de mineral húmedo por hora de funcionamiento, todo el día y la noche.

Su velocidad promedio de traslación es de 2,8 metros por segundo y reduce gastos de explotación del yacimiento minero. Ya lleva alrededor de un año y siete meses, y no ha reportado ni un solo accidente. Su funcionamiento permitió la detención de los Planos Inclinados.

Cuenta Gustavo: “cuando a mí me dijeron que iban a cerrar las instalaciones yo nunca lo creí. El último pitazo lo dio Omar, yo no tuve la posibilidad de estar aquí para escucharlo, y nos sorprendió, aunque ya por esos días nos dijeron que estaba a punto de cerrarse el Inclinado, y yo decía: no puede ser que este sea el último viaje”.

“Ese día”, sigue Quintas, “se bajó la última locomotora, el último vagón, y situaron todo como estaba y pararon la instalación. El hecho marcó a todos. El que no tenía un hermano, tenía un primo o un tío trabajando en los Inclinados. Esta era una fuente de empleo fundamental de toda la zona del Guayabo y El Cocal. Tenía plazas laborales únicas, como la de retranquero.”

Muchos de sus obreros se encuentran ahora en el Transportador Pinares de Mayarí, otros en el área del ferrocarril y otros quedaron en la Reserva Laboral de la empresa.

Recordar, volver a vivir. Quintas y Gustavo volvieron a ver hoy los vagones subiendo, la biela moviendo a la gran rueda, y los pitazos del güinchero. También yo lo vi, y sentí pena por no haber llegado antes, para verlo todo en acción.

Actualmente hay una brigada de diez hombres que trabaja en el proceso de mantenimiento. Ellos se encargan de chapear, de pintar todo el sistema de señalización, control y bloqueo, y además, conservar los cables.

Se cierra el portón y atrás quedan los Inclinados. Ya se van las luces del día, y vuelve el silencio.

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Premia Salón de Artes Plásticas en Holguín

Con una de las piezas de la serie, “Agencias de viajes o fast delivery 20-A-HOME”, Rubén Hechavarría Salvia se alzó con el Primer Premio del XXI Salón de Artes Plásticas de la Ciudad de Holguín.

El Segundo correspondió al artista plástico, Freddy García Azze, con el título “La vida está en otra parte”, y el tercero a Maiquel Domínguez Báster, con la colección “Inexistir”.

Al certamen se presentaron 39 artistas plásticos holguineros, entre ellos escultores, pintores, fotográfos y grabadores. El jurado, formado por Leticia Leyva, Javier E. Díaz, y Magalis Reyes, entregaron menciones a Osmani Estupiñán, Jorge Luis Cudina, Yolanda Rodríguez, Dayamí Rodríguez, y Yoxi Yuliet Velázquez.

Los resultados se dieron a conocer este sábado en el Centro de Arte de esta ciudad, durante la inauguración de la muestra colectiva, que agrupó 58 obras, entre ellas las galardonadas. Aún se espera el premio al Mejor Performance, manifestación que será laureada por primera vez en este tipo de evento.

martes, 25 de septiembre de 2007

Un holguinero en Canadá

El artista plástico holguinero Julio Alarcón Mariño visita tierras canadienses desde el pasado mes de junio. Desde Montreal nos llegan noticias de su labor en el Atelier “Circulaire”, uno de los Talleres de Grabado más importantes de Canadá. Hasta la fecha ha realizado varias exposiciones personales, y también ha ofrecido conferencias en escuelas de artes de esa ciudad.

El pasado 9 de septiembre, participó en un Encuentro de Solidaridad con Cuba, donde se abordó el tema “Art et culture dans la révolution cubaine” (Arte y Cultura en la Revolución Cubana) y en el que participaron el poeta Carlos Martí; Nicolas A. Guillén, presidente de la Fundación Cubana “Nicolas Guillén”; el director de la Gaceta de Cuba Norberto Codina y otras personalidades de la cultura y la política cubana y extranjera. Este evento debía desarrollarse en Estados Unidos, pero el gobierno norteamericano se negó a entregar las Visas a la delegación cubana.

La próxima conferencia de este creador, tendrá lugar en la Escuela de Arte “Bois-de-Bolougne”, donde también se inaugurará una exposición con una muestra de su quehacer como grabador.

Julio Alarcón, ha sido premiado en el VII Salón de la Ciudad, con su serie “Manipulaciones y retratos”, también en el XIV y el XVIII Salón. Algunas de sus piezas más reconocidas son las que componen la serie en linóleo “Realidad sin límite, I-IV” y el tríptico “Al fin vamos”, con la misma técnica.

Actualmente es miembro de la de la UNEAC (Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba) y trabaja como profesor del Instituto Superior Pedagógico de Holguín, la Academia de Artes Plásticas “El Alba” y la Escuela de Instructores de Arte de esa provincia.


viernes, 17 de agosto de 2007

Estela de un Simposio

Fotos: Yoli

“Hace tiempo que el país no asistía a una exposición tan grande y abarcadora” ha expresado la curadora Noemí Díaz, al referirse a la muestra de escultura de pequeño formato, que por estos días, exhibe el Centro de Arte holguinero en su salón principal.

La exposición, que se inauguró durante el Simposio de Artes Plásticas La ciudad insomne, realizado por primera vez en esta ciudad del 9 al 14 de agosto, se compone de más de 40 piezas, entre las que resaltan Sexy Dance (Talla en madera y base de hierro, 1996) y Corset de talla XL (Aluminio, 1996), ambas de Osneldo García, único premio de Artes Plásticas en escultura, del país. También se destacan cinco piezas de René Negrín, así como el trabajo realizado por otros 18 expositores de la capital y de Las Tunas.

“Esta es una compilación de un alto nivel. No pudieron participar algunos escultores de los más reconocidos por no tener a mano una obra de pequeño formato. Con esas excepciones, aquí se representan desde los muy consagrados, hasta los más jóvenes”, ha apuntado Noemí.

La mayoría de las piezas se crearon en los años 2006 y 2007. Tallado en metal y piedra, aluminio, madera policromada, acero ensamblado, concreto, plástico, hormigón, piedra de capellanía, bronce y mármol dan a la muestra una singular variedad.

El Simposio, y en específico esta exhibición, ha devenido en análisis sobre el hecho de que la escultura de salón en Holguín va en picada. Martín Garrido, curador del Centro de Arte, afirma que se apuesta más por las piezas monumentarias o de tipo ambiental: “la situación está condicionada por la dualidad en que se ve al artista cuando tiene que dividirse entre lo comercial y la verdadera búsqueda estética, la escultura de salón es muy difícil de vender”.

Todo ello ha traído como consecuencia que desaparezca el Premio de Escultura Fausto Cristo, instituido en la década del ’90, por falta de concursantes, y que además los escultores de la provincia sean unos desconocidos para la mayor parte del público.

Noemí comenta que este no es un fenómeno privativo de Holguín, sino de todas las provincias, con excepción de Ciudad de La Habana. Eventos como La ciudad insomne contribuyen a revertir esta situación y aunque este primer encuentro no cumplió las expectativas de sus organizadores, sí propició el intercambio entre los escultores holguineros y los invitados, además de convertirse en un ensayo para el año próximo.

Otras son las problemáticas que se imponen, como es la promoción o la dificultad que supone el transportar las esculturas. Sin embargo, está probado que muy poco resiste a la voluntad del hombre. Fe de ello es esta muestra escultórica que llega desde la capital hasta la ciudad de los parques.


lunes, 30 de julio de 2007

No hacen falta pretextos para hablar del ISA

Casi todos los días voy al ISA a ver a mi tía Petra, un personaje, es una de las mujeres más dulces y dadivosas que conozco. Con ella trabaja Humberto González, crítico de cine, director de la escuela y un tipo bastante singular. Otros: Sonia, la secretaria, las Isabeles, la mayor que es la económica; la de apellido Reynaldo, mujer de Humberto y asesora de la TV; y García Granado, una de las profesoras del claustro, reconocida por su voz en la locución y su manera de arreglar espectáculos.

En fin, toda una fauna. Lo que digo es que no hacen falta pretextos para hablar del ISA aquí en Holguín, porque es una escuela donde casi se ha escrito la cinematografía holguinera y de donde no dejan de salir talentos y buenas ideas.

Por ejemplo Adlibitum, un programa de televisión que hacen los estudiantes, ah!! los estudiantes los olvidaba, vienen de casi todas las provincias de Oriente, una vez a la semana. Unos con apariencias de chicos snob, muchas gangarrias y nariz respingada, otros más humilde y de aspecto común. Todos se unen en el aula y polemizan, actúan y hasta se duermen, como cualquier alumno en una clase. Se les ve por encima de la ropa que saben lo que quieren, que llegaron a esta ciudad con un objetivo bien definido: hacer cine.

En tercer año, deben hacer un documental con sus propios esfuerzos, y en quinto se gradúan con un corto de ficción, y todo un soporte teórico, que conforman en fin la tesis.

Volvemos a Adlibitum, hay que ver el programa, sus locaciones son originales, o sea poco frecuentes a lo que estamos acostumbrados a ver. Tiene tremendo ritmo, que se logra en la entrevista, con Yurisel, la locutora, y con la edición. Sus realizadores intentan buscar el lado oscuro de la luna, o sea la parte no vista, el perfil menos tratado de los temas que abordan, y allí tienen espacio los más jóvenes. El proyecto es del ISA con la Asociación de Hermanos Saíz o sea AHS.

"Esta es una experiencia única en el país. La TV como el cine, es un arte muy costoso, y los estudiantes, a pesar de que trabajan en los medios, muy pocas veces tienen la oportunidad de hacer, de crear desde una perspectiva muy personal. Casi siempre cuando llegan a un telecentro, se suman a los programas que ya existen, sin tener esa libertad que tanto hace falta" dice González Carro.

En el ISA se estudian especialidades de Sonido, Dirección, Fotografía, Producción, Edición. Para el ingreso se hacen cuatro pruebas, cada una eliminatoriasobre cine, dramaturgia y cultura general. Solo hay que tener el 12 grado terminado, ser del oriental cubano, y ya, vale la pena intentarlo.

Humberto hace un poco de historia: "Cuando a finales de los '80 se crea la Facultad de Radio y Televisión en La Habana, se abre también una sede en Holguín. Antes existían aquí dos unidades docentes: una para la formación de cantantes líricos y la otra para los trabajadores de la esfera audiovisual. La creación de este centro obedece al propósito de eliminar el empirismo en los medios, que no sean los cursos de habilitación los que formen a nuestros profesionales."

No solo la televisión se ha visto beneficiado. Dial ISA es un programa de radio con frecuencia semanal, realizado por los propios estudiantes, y con los medios de la Facultad. El objetivo es que todos participen en él, de una u otra forma, por eso no tienen un equipo de realización fijo. En los pocos meses de transmisión se ha convertido en la voz de los alumnos, quienes ven en él la oportunidad de expresarse como creadores.

A estos resultados la Facultad del ISA en Holguín suma los premios que sus estudiantes han obtenido en Festivales de la Televisión, de la UNEAC o de cine, como el de la Muestra de los Jóvenes Realizadores, evento en el que participan desde su primera edición.

Hace poco la dirección de la filial firmó convenios de colaboración con los telecentros municipales de Gibara y Moa, y las corresponsalías de Mayarí y Banes. Como resultado de esta alianza ya va a salir un cortometraje del que ya se tiene el guión y un trabajo de producción adelantado. Otro nuevo proyecto es la grabación de discos en la misma Facultad, a estudiantes de canto lírico u otros músicos de la provincia.

González Carro advierte sobre la situación preocupante de los dormitorios desde el punto constructivo: "Hay un proyecto de reparación y ampliación aprobado por la máxima dirección del Partido y el Gobierno en la provincia y se espera que dentro de poco comiencen las acciones". Ello permitirá que se puedan abrir en Holguín otras especialidades en música, así como Danza y Artes Escénicas.

El ISA en Holguín camina firme en función de crear una verdadera universidad del arte. El fatalismo geográfico se rompe en este centro de estudio que no se detuvo en los años más recios del Período Especial. Su importancia crece cada día en esa misión de desarrollar una programación audiovisual cada vez más nuestra, y alternativa al desarrollo vertiginoso de filmes y enlatados de vocación comercial.

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miércoles, 18 de julio de 2007

Mephisto en el Caimán rock

La banda de rock Mephisto de la ciudad de Holguín, es una de las invitadas a la III edición del Festival Internacional Caimán rock, que se inauguró oficialmente ayer en la Tribuna Antiimperialista de la Ciudad de La Habana.

El evento reúne, además, a 21 agrupaciones de todo el país, y a las extranjeras, Factor VIII, de Panamá, y Crocell, de Venezuela. El Festival busca no solo promocionar el género a través de las presentaciones en vivo, sino también buscar un espacio para el debate sobre temas como: el panorama del rock en Cuba, desde los años 50 hasta la contemporaneidad; la vinculación de este tipo de música con la literatura; y la realización de videoclips.

Caimán rock se viene celebrando en la capital cubana, con frecuencia bianual desde el año 2003, y según ha expresado Luis Morloto, presidente nacional de la AHS (Asociación de Hermanos Saíz) “es el festival de rock cubano por excelencia”. A él le anteceden el Ciudad Metal, de Villa Clara, el Pinarock, en Pinar del Río, el Atenas, de Matanzas, el Rockasol, de Cienfuegos y Metal HG, de Holguín.

Mephisto había participado en las dos ediciones anteriores. Ya para ese entonces, la agrupación contaba con cuatro discos: Seven dead cities (1996), Knowledge of Necronomicom (1997), Creation of the Magnificient (1998), y Carpathian Tales (2000).

Desde su fundación, el 18 de Septiembre de 1996, ha asistido a más de 50 ediciones de festivales nacionales, entre los que se encuentran Ciudad Metal, Mr Dominus, Rock de la Loma, y Metal HG como anfitriones. Sus dos últimas producciones discográficas: Dominion Satanas (2003) y Blasphemy and Evil (2007) siguen cultivando la vertiente del Black Metal, de la que son iniciadores en Cuba.